Egipto, 1353 a.C.
Akenatón, el faraón hereje, cambió para siempre la historia de Egipto. Fue el visionario que desafió a los dioses tradicionales para instaurar un culto monoteísta dedicado a Atón, el disco solar. Su reinado marcó una era de esplendor y controversia, pero su revolución fue aplastada tras su muerte. Su legado se perdió entre las arenas del tiempo... hasta ahora.
Londres, 2025
En el Museo Británico, un suceso inexplicable sacude la realidad: Akenatón despierta de su eterno descanso. Desorientado y atrapado en un mundo que no comprende, intenta recordar quién es y por qué está allí.
Pero no está solo.
Alejandro, un arqueólogo apasionado por la historia egipcia, siente una conexión inexplicable con este evento. Sin saberlo, su destino está ligado al del faraón renacido. Juntos, emprenderán un viaje que los llevará desde las frías calles de Londres hasta las arenas de Egipto en busca de respuestas.
Entre ellos nacerá una conexión poderosa, un amor inesperado que desafiará el tiempo y el destino. Sin embargo, Akenatón recuerda que su lugar no es este mundo, y que tarde o temprano deberá regresar al más allá. ¿Podrán desafiar las leyes del universo, o el amor que han encontrado quedará condenado a ser un efímero sueño?
Capítulo 1: El Despertar de Akenatón
Un tormenta iluminaba el cielo sobre Londres con una furia inusual. Relámpagos surcaban las nubes, como si un poder antiguo intentara abrirse paso en la realidad. Dentro del Museo Británico, en la sala de exhibiciones egipcias, algo despertaba.
Los sensores de seguridad detectaron una fluctuación de energía en la sala donde se encontraba el sarcófago de Akenatón. En las cámaras, todo parecía estar en orden… hasta que la tapa de la tumba se movió sola.
Un temblor sutil recorrió la habitación. Un crujido profundo rompió el silencio. La piedra se agrietó.
Entonces, un resplandor dorado envolvió el sarcófago y un fuerte viento barrió la sala. Vitrinas cayeron al suelo, las alarmas se activaron y el sonido de la tormenta en el exterior se mezcló con un eco sobrenatural.
Cuando el polvo se disipó, una figura emergió.
Era él.
Akenatón, el faraón hereje, había regresado de la muerte.
Se apoyó en el borde del sarcófago, con el cuerpo tembloroso. Su piel era cálida, sus ojos oscuros estaban llenos de confusión. Recordaba fragmentos de su vida… pero no entendía dónde estaba.
—¿Dónde estoy? —susurró en un egipcio antiguo.
Los guardias irrumpieron en la sala, pero al ver la escena, quedaron paralizados.
Ecos de un Pasado Olvidado
Alejandro estaba en su apartamento cuando vio la noticia en redes sociales:
"Misteriosa explosión en el Museo Británico; testigos reportan un 'milagro' en la sala egipcia."
Algo dentro de él se estremeció. Un impulso inexplicable lo llevó a reservar un vuelo inmediato a Londres. Desde hacía años, había sentido una conexión especial con Akenatón, como si su historia lo llamara desde el tiempo.
No sabía que esta vez, la historia lo estaba llamando de verdad.
Cuando llegó al Museo Británico, todo estaba rodeado de seguridad. Logró ingresar con sus credenciales como historiador y arqueólogo especializado en Egipto. Un grupo de científicos discutía en voz baja, con expresiones de incredulidad.
Finalmente, lo llevaron a una sala aislada… y ahí lo vio.
Akenatón estaba sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared. Sus ojos estaban perdidos, su respiración pesada. Se notaba confundido, vulnerable.
Pero cuando sus miradas se encontraron, algo cambió.
El faraón frunció el ceño. Lo observó con detenimiento, como si intentara recordar algo. Como si lo conociera.
—¿Te conozco? —preguntó en un susurro.
Alejandro sintió un escalofrío recorriendo su espalda.
No supo qué responder. Pero cuando Akenatón intentó levantarse, su cuerpo tambaleó.
—¡Cuidado! —exclamó Alejandro, corriendo a sostenerlo antes de que cayera.
Cuando lo sujetó, sintió algo imposible. Akenatón estaba vivo. Su piel era cálida. Su respiración era real.
Entre la Negación y el Asombro
Lo llevaron a un hotel discreto, lejos de la prensa y la curiosidad del mundo.
Cuando despertó, Akenatón tardó en reaccionar. El mundo a su alrededor no tenía sentido. Tocó la sábana con extrañeza, luego miró la luz del techo y frunció el ceño.
—Esto… esto no es Egipto.
Alejandro se acercó con cautela.
—No, no lo es. Estás en el futuro. En el año 2025.
Akenatón se puso de pie de golpe.
—Eso es imposible.
Caminó hasta la ventana y, cuando corrió las cortinas, su cuerpo se paralizó.
Frente a él, Londres brillaba con luces artificiales. Los autos avanzaban veloces, pantallas gigantes mostraban imágenes en movimiento.
—¿Es… esto real? —susurró, con los ojos llenos de asombro.
Tocó el vidrio con la palma de la mano, como si esperara que la imagen desapareciera. Su respiración se aceleró.
—¿Qué hechicería es esta? ¿Dónde están mis templos? ¿Dónde está mi gente?
Se giró hacia Alejandro, su expresión mezcla de terror y fascinación.
—¿Quién me ha traído aquí? ¿Fueron los dioses? ¿Atón?
Alejandro tragó saliva. Sabía que no sería fácil explicarle la verdad.
—Escucha… No sé cómo ocurrió, pero despertaste aquí. No eres un fantasma, no eres un dios… eres un hombre fuera de su tiempo.
Por un momento, el silencio reinó.
Akenatón cerró los ojos. Una lágrima recorrió su mejilla.
—Entonces… todo lo que conocí desapareció.
Alejandro sintió un nudo en la garganta. No sabía cómo ayudarlo, pero algo en su interior le decía que debía hacerlo.
—Lo sé… es difícil. Pero puedes aprender de este mundo. Puedo ayudarte.
El faraón volvió a mirar la ciudad iluminada. La confusión aún estaba ahí, pero también la fascinación.
Tal vez este nuevo mundo no era una maldición… sino un misterio por descubrir.
La Primera Conexión
El silencio en la habitación se volvió casi insoportable. Akenatón lo miraba con intensidad, como si intentara ver a través de él.
Alejandro sintió un impulso inexplicable de hablarle en egipcio antiguo.
—Ankhesenamun… Ajetatón… Atón te ilumina —susurró.
Los ojos del faraón se agrandaron con asombro. Por primera vez desde su despertar, algo en él hizo clic.
Se llevó las manos al rostro, cerró los ojos y murmuró en su lengua.
—¿Quién eres? ¿Por qué entiendo tus palabras?
Alejandro se arrodilló a su lado, intentando no abrumarlo.
—Soy Alejandro… y he pasado toda mi vida estudiando tu historia.
Akenatón frunció el ceño, tratando de entender lo que eso significaba.
—¿Mi historia? ¿Cuánto tiempo ha pasado?
Alejandro tragó saliva. ¿Cómo le explicaba que habían pasado más de tres mil años?
Aceptando lo Inexplicable
Akenatón comenzó a recorrer la habitación con lentitud. Cada objeto le parecía ajeno, cada sonido lo desconcertaba.
—Esto no es Egipto… —murmuró.
Alejandro se acercó con cautela.
—No. Estamos en Londres. En el año 2025.
El faraón se detuvo en seco. Sus ojos se nublaron con incredulidad.
—No puede ser…
Se llevó las manos a la cabeza, tratando de procesar lo imposible. Pero entonces, vio algo a través de la ventana. El sol naciente.
Se acercó lentamente y extendió una mano hacia la luz. Algo dentro de él se encendió.
—Atón sigue aquí…
Por primera vez, Alejandro vio una chispa de esperanza en su rostro.
El Escape
La presencia de Akenatón en el museo era un secreto que no podía mantenerse por mucho tiempo. Alejandro lo sabía.
—Debemos salir de aquí —susurró.
Pero antes de que pudieran actuar, se escucharon pasos acercándose.
—¡Los científicos vienen!
Sin pensarlo, Alejandro tomó la mano del faraón y lo guió por un pasillo trasero.
Akenatón no entendía lo que pasaba, pero confió en él.
Salieron por una puerta trasera y corrieron hacia la calle.
—¿A dónde vamos? —preguntó Akenatón.
Alejandro lo miró con decisión.
—A Egipto. A tu hogar.
El Viaje de Regreso
Con identidades falsas y un plan improvisado, Alejandro y Akenatón abordaron un avión rumbo a El Cairo.
El vuelo con destino a Egipto despegó en medio de la noche. Alejandro y Akenatón estaban sentados juntos, lejos de miradas curiosas.
El faraón observaba por la ventanilla con asombro, maravillado por la inmensidad del cielo nocturno.
—Es como estar cerca de Atón… —murmuró.
Alejandro lo miró con una sonrisa. A pesar de su confusión, Akenatón tenía una inocencia genuina en su fascinación por este mundo nuevo.
En un momento de turbulencia, sus manos se rozaron accidentalmente.
El contacto fue mínimo, pero Alejandro sintió una corriente recorrer su cuerpo. Su piel reaccionó al calor de la mano del faraón, una sensación extraña e inesperadamente íntima.
Akenatón también lo notó. Bajó la mirada a sus manos, luego a Alejandro. No dijo nada, pero sus ojos reflejaban una emoción desconocida para él.
Un silencio denso se formó entre los dos, un entendimiento sin palabras. Algo había cambiado.
espera los proximos capitulos muy pronto....

